Los coches más rápidos del mundo: de 2001 en adelante (III)

Otra bella y potente máquina aparecería de la mano de Bentley, el Continental GT, un bólido capaz de alcanzar los 319 km/h pese a no ser una máquina de carreras. Configurado con un motor W12 con dos turbocompresores KKK de Volkswagen de 5.998 centímetros cúbicos de capacidad, generaba 552 CV de potencia (inicialmente 414 CV) a 6.100 revoluciones por minuto, lo que le permitía pasar de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos.

Este motor es la unidad de doce cilindros de fabricación en serie más corta del mundo. Su interior combinaba elementos tradicionales y la última tecnología, como por ejemplo un panel de instrumentos forrado en madera con una pantalla LCD multifunción. Desde la fábrica se insistió en que compartía los mismos valores principales que los coches fabricados desde sus inicios.

En el Salón del Automóvil Internacional de Norteamérica de 2002 Bill Ford presentó el prototipo del Ford GT, cuarenta años después del Ford GT 40 original. Su aspecto era muy similar al antiguo, aunque poco tenían en común. El modelo del presente siglo contaba con un chasis integrado de aluminio que emplea 35 extrusiones. Los paneles de fibra de vidrio de la carrocería del original fueron sustituidos por los de aluminio formado en superplástico.

Además, estaba configurado con un motor V8 modular de Ford de 5.409 centímetros cúbicos de capacidad y 550 CV de potencia a 6.500 revoluciones por minuto, lo que le permitía alcanzar los 330 km/h de velocidad punta y pasar de 0 a 96 km/h en 3,6 segundos. Es un supercoche emparentado con los mejores bólidos de carreras de los sesenta; para dejar constancia de ello, se lanzó en 2006 un modelo Tungsten Grey de edición limitada para recordar el 40º aniversario de la triple victoria de Ford en Le Mans en 1966.

A finales de 2003 salió al mercado el Aston Martin DB9, el primer modelo de la marca fabricado en el nuevo complejo en Gaydon (Waewickshire) y el primero en utilizar una nueva estructura en aluminio conocida como plataforma ‘VH’ (de vertical/horizontal). Esta estructura lograba que la carrocería del DB9 bólido fuera un 25% más ligera que la de su predecesor, el DB7, además de ser el doble de rígida.

Con unas nuevas formas mucho más refinadas que el propio DB7, era capaz de alcanzar los 300 km/h de velocidad punta gracias a su motor V12 de 5.925 centímetros cúbicos de capacidad y 450 CV de potencia a 6.000 revoluciones por minuto. Con una transmisión manual Graziano o una automática ZF de seis velocidades, podía alcanzar los 96 km/h en 4,7 segundos. El DB9 muestra cómo Aston Martin se ha reinventado a sí misma en la última década.

Noviembre 29th, 2010

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