La opción al asfalto. Freelander 2 de Land Rover
Poco a poco la gente ha ido abandonando la pasión por los 4×4 y se han ido pasando al concepto SUV. Estos coches dan la misma sensación de poder que aporta la altura extra y la gran habitabilidad que dan las formas rectangulares, pero quitando un montón de costes como la reductora, con complejos sistemas electrónicos y mecánicos.
Con este cambio en la oferta de los coches los todo terrenos perdieron muchas ventas, la gente los relacionaba más con máquinas de subir paredes que con coches familiares. Pero los que más saben del tema han decidido que las cosas deben cambiar y Land Rover a dulcificado la rudeza de los 4×4 y ha creado un coche entre los SUV y los antiguos 4×4.
El nuevo Freelander 2 es un coche de tamaño medio. Sólo mide 4,50 metros y eso es menos que un Golf variant. Eso lo hace muy manejable en ciudad y en carreteras secundarias, que es justo lo contrario de lo que le pasa a los TT normales. El aspecto de este Freelander fue dulcificado para parecerse más a los SUV. El tamaño de sus ventanas y la cintura del coche muy baja hacen que parezca aun más pequeño de lo que es.
Las puertas tienen una apertura casi de 90 grados, por lo que el acceso de cualquiera de los pasajeros es realmente fácil. En el portón trasero ya no cuelga la rueda de repuesto y además no se abre lateralmente. Esto facilita dos cosas: la primera es que al aparcar cerca de otros coches se puede abrir el maletero. Y segundo, no sabéis lo que pesaba tirar de la puerta cuando el coche estaba cuesta abajo.
Una vez en el interior las calidades impresionan. El asiento queda bastante alto. Parece que somos gigantes. Nos sentamos en frente del volante y lo primero que nos pasa es que sufrimos un colapso de información. Todo se ve. Hay miles de números, de dibujos, roscas y colores. Hay mandos rojos, negros, amarillos y cuando estos se encienden hay cosas verdes. Parece que estamos en un avión. Todo el salpicadero queda muy bajo. Quizá ese es el único fallo. Tenemos que desviar la vista un poco.
Los asientos son cómodos. Hay detalles que suenan un poco y nos recuerdan que los grupos es lo que tienen. Los asientos eléctricos tienen los mismos mandos de Volvo. En fin, mejor Volvo que no Ford ¿no?
La versión probada era la más alta de clase. Eso es el acabado HSE. Trae de todo. Es más, casi no se puede hacer uno a la idea de la accesorios que se le pueden meter en un coche. GPS, teléfono, DVD, control de aparcamiento delantero y trasero, cuero, llantas enormes, regulación eléctrica de los asientos, espejos antideslumbrantes, etc.
Los asientos traseros están más altos que los delanteros, lo que permite a los pasajeros ver a través del parabrisas delantero y no perder ni un ápice de la excursión.
El maletero queda muy cómodo a la altura de la cintura. Esa altura evitará cualquier dolor de lumbares por sacar cosas pesadas.
Y casi todo está dicho menos que lleva un motor exquisito. Este Land Rover monta un TDI diésel de 160cv que lo mueve muy bien. Consigue una aceleración muy buena y los adelantamientos se hacen de forma segura y rápida. El par máximo de este coche se consigue en la zona baja del cuenta revoluciones y la fuerza máxima es de 400 Nm.
En definitiva es un gran coche que además tiene un precio realmente competitivo. Las versiones más asequibles andan por los treinta y pocos mil euros y sin olvidarnos de que son 160cv. Si os atraen los coches automáticos ni lo dudéis.
Por último decir que este sà que es un 4×4. Tiene reductora que se maneja sencillamente con un mando. Los diferenciales y la actuación del control de estabilidad y tracción nos dejarán ir a donde queramos, poniendo sólo los lÃmites de los neumáticos de carretera que monta.
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